31 de diciembre de 2015

A TONI



Yo tenía la maleta preparada para salir de viaje y tú decidiste dejarnos para otro viaje diferente.
Ahora, recién llegado otra vez a mi isla, quiero recordarte porque no me despedí como quisiera, aunque tal vez fuera yo quien te sacara la última foto hacía pocos días sentado en la puerta de tu querido museo.
Es muy difícil explicar en una hoja de papel cómo era Toni y sobre todo qué fue Toni para los que le conocimos.
Por eso pienso que cuantas menos palabras mejor.
Era fuerza, bondad, solidaridad, alegría y, aunque a veces no lo pareciera, humildad. Y si digo que a veces no lo pareciera era porque su experiencia y sabiduría “casera” no tenía límites, cosa que podría parecer pedantería o soberbia pero que, los que te conocíamos, sabíamos que sólo era su inmenso deseo de compartir lo mucho que sabía.
Cuando quiso decidió “aparcar” su vida. Su vehículo siempre estará a la vista en un aparcamiento público, y por supuesto, no hablo de su coche, sino de su espíritu, que seguirá vivo con las baterías cargadas.

Dejar de luchar no siempre es rendirse. El luchó hasta el momento exacto en que se dijo a sí mismo que ya había cumplido lo que había venido a hacer a este mundo. Y tiró la toalla, no por cobardía ni por rendición, sino por la sabiduría y convicción de saber el momento y lugar en el que dejas de sufrir porque entiendes el mensaje de tu cuerpo y no quieres volverte irreconocible para los que te quieren. Yo te quería. Hasta luego Toni.